Saturday, February 19, 2005

LA IMAGEN AGOTADA

El lenguaje ha sido vencido por sí mismo. El hombre toma las veces de bacteria, organismo o sustancia que recurre a otro tipo de vida para poder subsistir. Como la orquídea que absorbe todo el vigor de un tallo hasta explotarlo y secarlo para poder exhibir el esplendor de su belleza. Belleza superflua, dependiente, vulnerable a mecanismos de vida superior. Presenciamos la era del agotamiento, del sin aliento[1].

El nuevo iconoclasta añora el vacío en el espacio como el autor añora el silencio en el tiempo. Aunque con objetivos similares, procede distinto al dadaísta: el dadaísta apenas era parte del purgatorio, sin saberlo, sus alabanzas a Dios fortalecían un demonio, su deseo de música producía ruido. Forzados a romper el lenguaje se vieron obligados a enfrentar su propia condición. En realidad no eran más sensatos que el idiota que buscando en sí mismo la salida se ejerce una auto-autopsia para descubrir sólo tripas al final.

El iconoclasta se hace un melancólico de sí mismo, arraigado en el sentimiento de pecado se ve envuelto en un mundo corrupto y obsceno, donde todo nivel de respeto a las representaciones es inerme en el flujo esquizofrénico de visualizaciones diarias. Su nivel de indignación ante esta confluencia de ilustraciones tontas sólo es comparable al nivel de un abad que comprometido con sus votos de silencio saliera al mundo contemporáneo y, por desgracia, se viera obligado a tomar un bus en Bogotá: su rostro se enrojecería con el exceso de palabras burdas del conductor, en su reducido espacio sus sentidos estarían continuamente atropellados por los pitos, los ruidos, gritos que provienen del exterior del bus; y, al interior, el tormento sería peor: voces que farfullan por el sólo goce narciso de la conciencia de su propia voz, conversaciones toscas, emisoras matutinas en el estéreo, carcajadas vulgares, música del demonio. “La iconoclastia tiene, por otra parte, un profundo fundamento religioso, que queda explícitamente recogido en el segundo mandamiento del Decálogo del Antiguo testamento”[2]

Por ley de opuestos de Heráclito, están los neo iconófilos, o publicistas. Hacen de este mundo una cosa más horrenda, sus respuestas a la pregunta son blasfemias: la imagen es nada. Desplazan el impopular discurso de los iconoclastas e iconódulos, por el discurso del hedonismo, discurso del pueblo, la superficie, el devenir. L.A también ha visto a la gente morir por la imagen. La pantalla se satura, los iconos de la autoindulgencia se revelan, la sensualidad del signo se prostituye: como “libertinas de burdel”.

[1] A bout de souffle
[2] PEREZ JIMENEZ, Juan Carlos. “Imago Mundi” La cultura audiovisual. Fundesco. Madrid, 1996.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home